¿Que es la Dislexia?

La palabra “dislexia” viene del griego y significa “dificultad con las palabras”.

 

La dislexia es independiente de la capacidad intelectual, del nivel socioeconómico, de la raza y del idioma. Es un trastorno del aprendizaje de la lectoescritura, de carácter persistente y específico, que se da en personas que no presentan ningún hándicap físico, psíquico ni sociocultural y cuyo origen es neurobiológico.

 

La dislexia es una dificultad para la descodificación o lectura de palabras, por lo que estarían alterados alguno de los procesos cognitivos intermedios entre la recepción de la información y la elaboración del significado. Se caracteriza por una alteración en el procesamiento fonológico, es decir, en la capacidad de decodificación fonema-grafema.

 

Los disléxicos manifiestan de forma característica dificultades para recitar el alfabeto, denominar letras, realizar rimas simples y para analizar o clasificar los sonidos. Además, la lectura se caracteriza por las omisiones, sustituciones, distorsiones, inversiones o adicciones, lentitud, vacilaciones, problemas de seguimiento visual y déficit en la comprensión.

Fuente: La Clasificación internacional de enfermedades (CIE-10, en su décima versión) es un listado publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que clasifica y codifica las enfermedades, así como una amplia variedad de síntomas, signos y causas externas. De otro lado, las personas con dislexia a menudo tienen una potente capacidad visual,  son muy creativas,  tienen fuertes habilidades interpersonales o grandes dotes de comunicación oral; es por esto que existen muchos disléxicos entre empresarios, inventores, arquitectos, ingenieros y en el mundo de las artes y la cultura. Otras veces no tienen talentos especiales pero, como todas las personas, tienen puntos fuertes que hay que descubrir y potenciar.

 

 

Problemas de la Dislexia

La dislexia es mucho más que va más allá de tener dificultades en la lectura y en la escritura: suelen existir problemas de compresión, de memoria a corto plazo, de acceso al léxico, confusión entre la derecha y la izquierda, dificultades en las nociones espacio-temporales…

 

Uno de los problemas añadidos de la dislexia es que este trastorno no es compatible con nuestro actual sistema educativo, pues, dentro de este, donde la mayoría de los aprendizajes se realizan a través del código escrito, por con lo cual el niño alumno disléxico no puede asimilar ciertos contenidos de materias como Conocimiento del Medio, porque no es capaz de llegar a su significado a través de la lectura.

 

El niño/a disléxico debe poner tanto esfuerzo en las tareas de lectoescritura que tiende a fatigarse, a perder la concentración, a distraerse y a rechazar este tipo de tareas.

Esta conducta se suele interpretar como desinterés, falta de atención, falta de esfuerzo o simplemente holgazanería. Los niños con trastorno de aprendizaje en general, y con dislexia en particular, presentan el peligro de manifestar alteraciones en su vida afectiva como consecuencia de los continuos fracasos que experimentan tanto en el ámbito escolar como en las actividades de la vida cotidiana. En consecuencia pueden desarrollar problemas de ansiedad, de sueño, irritabilidad… y presentar síntomas depresivos relacionados con una baja autoestima.

¿Qué se siente al ser disléxico?
  • Veo las cosas desde una perspectiva diferente.
  • Puedo llegar a soluciones que nadie más ha pensado y de forma rápida.
  • A veces, cuando leo, todo el texto se mezcla y tengo que volver a leer      y releer el texto una y otra vez.
  • Sé lo que quiero decir, pero no puedo encontrar las palabras adecuadas.
  • Sé lo que quiero decir, pero no consigo trasladarlo al papel.
  • En situaciones formales, aunque sé lo que quiero decir, me desconcentro, mi mente se queda en blanco y me entra el pánico.
  • Es como si mi ordenador estallase al recibir demasiada información.
  • Algunas veces, cuando me dicen lo que tengo que hacer, las palabras se mezclan en mi cabeza y no entiendo lo que se me está requiriendo.
  • Mi familia, los amigos, los compañeros de clase o de trabajo saben que tiendo a divagar, a olvidar cosas y a repetirme… y lo aceptan, porque es parte de mí.

 

 

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